He ido desarrollando, no sé si consciente o inconscientemente, una autodefensa psicológica de negación a la “World Wide Web” debido a la sobreestimulación, o dicho de otro modo menos pedante, en estos dos meses he vivido prácticamente en las redes sociales y los blog ya que la baja no me ha permitido hacer vida “pública” de otra manera, así que me he saturado y he abandonado el ordenador.
Tengo cosas que contar, por supuesto, sus majestades los reyes de oriente, de los que despotricaba el día cinco de enero, se comportaron estupendamente y me regalaron calzoncillos y calcetines [se oye un leve silbido, como de hacerse el sueco]. El problema es que no me apetece sentarme a escribir, que ya cubrí el cupo de “vida on-line”
Volviendo al síndrome… me suele pasar a menudo.
Por ejemplo hace unos meses en Italia desarrollé insensibilidad ante la belleza, fueron unos días tan intensos y llenos de cultura y arte que cuando llegué a Florencia, última parada de nuestra ruta, lejos del famoso síndrome homónimo también llamado de Stendhal, lo que sufría era totalmente lo contrario porque todo me parecía feo. Afortunadamente las fotografías demuestran que me equivocaba.
Me sucede también con cosas tangibles, por ejemplo la comida. Aborrezco la tortilla de patatas, que antes adoraba, pero desde que se convirtió en comida sustitutiva a “lentejas y pescado” todos y cada uno de los jueves laborables… No la puedo ni oler… Pero bueno, ya he divagado suficiente por hoy. Yo sólo quería decir que no es que haya perdido el don de palabra escrita, sólo que perdí las ganas de escribir…
¡Ya se irá pasando!